martes, 6 de mayo de 2008

Edad Media: Algunas caracteristicas de los Leprosos

La lepra existe en Europa desde el siglo III d.c, pero las primeras descripciones datan del 250 a.c. Se cree que tuvo su origen en África y los esclavos la extendieron a Egipto, Siria, Asia Menor, India, China y Europa. Las invasiones y las cruzadas contribuyeron enormemente a su propagación.

La actitud hacia los enfermos de lepra varió notablemente a lo largo de la Edad Media. Hubo momentos en que se les autorizó a mendigar, a pedir “limosnas”, que se dejaban en el suelo para que el enfermo las recogiera una vez que el donante se hubiera alejado o se depositaban en un cesto atado al extremo de una larga vara, para evitar el más leve roce.

La severidad con que la Iglesia y la sociedad trató a los enfermos de lepra no se basaba tanto en el temor al contagio como en la creencia de que el mal era un castigo divino y al convencimiento de que el leproso sentía un rencor hacia los sanos que les inclinaba a las peores perversidades.

También existía la teoría de que los niños que enfermaban de lepra habían sido concebidos en el instinto pecador de la lujuria, no durante el cumplimiento del mandato divino de la procreación. La reticencia hacia este grupo alcanzó incluso a los hijos de los leprosos, que eran obligados a vivir aparte y a desempeñar los oficios más bajos.

Cuando los cruzados enfermaron de lepra, dicho mal dejó de ser pecado para convertirse en una “enfermedad santa” (en el sentido de su tratamiento).


El Diagnostico

Cuando se era diagnosticado como leproso ya fuera por el médico, por el sacerdote y, en algunos pueblos, incluso por el barbero, se emitía un decreto en el que se lo declaraba como leproso. Debido a las consecuencias sociales que esto podía ocasionar, el diagnóstico tenía que ser muy bien revisado y los síntomas correctamente descritos. El estándar de oro para el diagnóstico de la lepra era, la presencia de una destrucción masiva de la cara del paciente, sólo en la presencia de este signo se debía hacer la afirmación de que se trataba de un leproso. Sin embargo, y como lo prueban muchos registros, esto no se aplicó en la mayoría de los casos.

Cuando la enfermedad era diagnosticada en un paciente, el sacerdote iba a su casa y lo llevaba a la iglesia entonando cánticos religiosos. Una vez en el templo, el sujeto se confesaba por última vez y se recostaba, como si estuviera muerto, sobre una sábana negra a escuchar misa. Terminada la homilía, se le llevaba a la puerta de la iglesia, donde el sacerdote hacía una pausa para señalar: "Ahora mueres para el mundo, pero renaces para Dios". Luego se le recordaban las palabras del profeta Isaías, aquellas en que se establecía una relación entre Jesucristo y la lepra, para reconfortar al enfermo. Una vez dicho esto, se llevaba al doliente a los límites de la ciudad donde se le recitaban las prohibiciones: se le prohibía la entrada a iglesias, mercados, molinos o a cualquier reunión de personas; lavar sus manos o su ropa en cualquier arroyo; salir de su casa sin usar su traje de leproso; tocar con las manos las cosas que quisiera comprar; entrar en tabernas en busca de vino; tener relaciones sexuales excepto con su propia esposa; conversar con personas en los caminos a menos que se encontrara alejado de ellas; tocar las cuerdas y postes de los puentes a menos que se colocara unos guantes; acercarse a los niños y jóvenes; beber en cualquier compañía que no fuera aquella de los leprosos; caminar en la misma dirección que el viento por los caminos, etc. No sólo debía alejarse al leproso de la vida cotidiana y de la ciudad, la lepra fue, además, desde el año 757 hasta finales del siglo XIV causa legal de divorcio y de pérdida de todos los bienes comunes.

Los Lazaretos

En el siglo VIII se consideraban contagiosas ocho enfermedades: la peste bubónica, la tuberculosis, la epilepsia, la sarna, erisipela, el ántrax, el tracoma y la lepra. Gregorio de Tours mencionó (hacia 560) hospitales para atender a los leprosos; en esta época se fundó la orden de San Lázaro para llevar pacientes a estos "Leprosarios".

Como consecuencia de la diseminación de la lepra en Europa, la legislación hizo regulaciones que trataban de cuidar y atender a los leprosos, pero sin permitirles el contacto con los ciudadanos sanos. Si uno de los cónyuges de un matrimonio contraía la enfermedad, el otro podía seguirle a la leprosería, aunque no estuviera afectado.

Las primeras leproserías surgieron en Bizancio, en el siglo IV, extendiéndose pronto por Europa dirigidas por los Hermanos de San Lázaro, de donde proviene el nombre de lazaretos por el que fueron conocidos estos establecimientos. También existían en Francia tan temprano como en el siglo VII. En el siglo VII por Rothar Rey de los Lombardos, y por Pipino (757) y Carlomagno (789) en el Imperio de los Francos. La temprana cuenta del hallazgo de casas de leprosos en Alemania, se da en los siglos VIII y IX al igual que en Irlanda, Inglaterra, España, Escocia y los Países Bajos. Ya A mediados del siglo XIII había cerca de 20.000 leproserías en toda Europa.

Estas instituciones fueron orientadas como “casas de aislamiento” del infectado, para el tratamiento curativo de la enfermedad. Fueron fundados y donados como establecimientos religiosos, generalmente fueron puestos bajo el control y manejo de alguna abadía o monasterio por una Bula Papal, la cual designaba cada casa de leprosos para ser provista con su propio cementerio de iglesia, capilla, y sacerdote. Las casas inglesas y escocesas fueron puestas bajo control total de un tutor, canónigo, oficial del monasterio, y, en algunos casos por una mujer superior del monasterio. Los oficiales eclesiásticos de los hospitales y de los internados de leprosos estaban comprometidos bajo las regulaciones puestas en tierra en los estatutos de las instituciones, las cuales tenían que observar estrictamente; especialmente las de ofrecer sus plegarias por el reposo de las almas de los fundadores y de sus familias.


El Tratamiento

Los tratamientos que se recomendaron en la práctica médica medieval más utilizados se encontraban la aplicación de sanguijuelas, “la cauterización y la flebotomía”. De éstos, el más usado fue la flebotomía, que consistía en el corte de grandes venas para limpiar la sangre impura del leproso. Incluso se preparaban ungüentos con la propia sangre del leproso para que fuesen aplicados en sus heridas. Entre otros tratamientos se encuentra el de “la carne de serpiente”. La utilización de las serpientes como tratamiento tenia como argumento la idea de que "un veneno expulsa a otro veneno", sin embargo más que una terapia era un símbolo, donde se relacionaba el cambio de piel de la serpiente con el cambio de piel que necesitaban los leprosos.

La pseudo homosexualidad en Atenas del Siglo V, PARTE II

EXTRACTO
La homosexualidad en la Filosofia y la educación Pederasta
Ahora si en Atenas el amor homosexual fue puesto al servicio de los más altos ideales de la época, ¿cómo se consiguió esto?, a través de una visión de los valores y la filosofía.

“En primer lugar, eran tres los géneros de los hombres, no dos, como ahora, masculino y femenino, sino que había también un tercero que participaba de estos dos(...)Era, en efecto, entonces el andrógino una sola cosa, como forma y como nombre, participe de ambos sexos, masculino y femenino(...) En segundo lugar, la forma de cada individuo era en su totalidad redonda, su espalda y sus costados formaban un circulo; tenia cuatro brazos, piernas en numero igual al de los brazos, dos rostros sobre un cuello circular(...)además cuatro orejas, dos órganos sexuales(...)Eran tres los géneros y estaban así constituidos por esta razón: porque el macho fue en un principio descendiente del sol; la hembra , de la tierra; y el que participaba de ambos sexos, de la luna, ya que la luna participaba de uno y otro astro”[1]

Esta interpretación filosófica sobre el origen o la explicación más bien sobre el comportamiento “homosexual”, nos entrega una gran información de la naturalidad con la que se entendía el comportamiento sexual para los filósofos.

“Así, pues, cuantos hombres son sección de aquel ser participe de ambos sexos, que entonces se llamaba andrógino, son mujeriegos; los adúlteros también en su mayor parte proceden de este genero, y asimismo las mujeres aficionadas a los hombres y las adulteras derivan también de él. En cambio, cuantas mujeres son corte de mujer no prestan excesiva atención a los hombres, sino más bien se inclinan a las mujeres, y de este genero proceden las tríbades. Por ultimo, todos los que son sección del macho, persiguen a los machos y, mientras son muchachos, como lonchas de macho que son, aman a los varones y se complacen en acostarse y en enlazarse con ellos; estos son precisamente los mejores entre los niños y los adolescentes, porque son en realidad los más viriles por naturaleza”[2]

En esta parte se entiende perfectamente, el desmedro con el que se miraba al heterosexual y la igualdad que se le otorga a la mujer, por que principalmente los parámetros para definir la sexualidad en este periodo son otros.

“En la Atenas Clásica los objetos sexuales eran de dos tipos, no masculinos y femeninos, sino activos y pasivos, agresivos y sumisos”[3]

Pero bien la sexualidad tenia connotaciones , puesto que simboliza el dominio del activo sobre el pasivo, bajo esta perspectiva se entiende que hombres del mismo grupo social estipulen condiciones y normas que garantizaran la dignidad de la pareja (del mismo sexo).

Era mal visto para los griegos la pasividad en el acto sexual, más que la homosexualidad en sí, es por ello también que en este tiempo, el hombre no veía con buenos ojos a la mujeres, (por su pasividad en el acto sexual), la pasividad era símbolo de poca >virilidad< y de poco valor, pues en el fondo era dejarse dominar.

En el aspecto femenino también se daba esta connotación, era mejor vista la mujer que penetraba sexualmente a la otra mujer, de ahí también el nombre con que les designaba “Tríbade”.

Tenemos aquí dos atributos sumamente necesarios para entender el valor de la homosexualidad, la libertad y la virilidad.

La libertad o la Eleutería, ha sido un concepto que hemos encontrado constantemente en nuestra investigación, pero más que libertad en sí, es el concepto de dominación, tal cual como lo hemos explicitado anteriormente, era mal vista la pasividad sexual, por ser un símbolo de “dominación”, ó sea perdida de la libertad en el acto sexual.

En ese sentido, la civilización Ateniense era más respetuosa a la libertad que cualquier otras cosa, de manera que este concepto no podía ser ajeno al ámbito sexual.

La virilidad: “(...)son en realidad los más viriles por naturaleza”[4] la virilidad sigue siendo uno de los valores fundamentales que permiten enaltecer al hombre, pero ahora no se es varonil por ser hombre, sino que por seguir mi propia naturaleza, ó sea se es más hombre o más mujer por perseguir mi propio sexo.

Este concepto de “perseguir mi naturaleza”, es muy similar a la idea con la que se entiende la educación, con la idea de “perseguir la belleza”, entender la belleza del hombre por sobre las figuras físicas y contemplarse con el aspecto metafísico.

“Perseguir la naturaleza” es entonces la meta sexual, parte de la educación del griego, es estrechar la virilidad no solo por medio del acto sexual, sino que por mi naturaleza.

El amor, la sexualidad, tenían una componente más allá de lo terrenal, eso es lo que trata de explicar Platón en su obra, por ello la “homosexualidad”, no era una práctica sucia, pues tenía normas que la hacían de gran valor.

“Sucede que los filósofos, como los políticos, y en general esa reducida y distinguida clase dio pie al florecimiento de la pederastia que la formaban hombres. Estos hombres habían relegado a sus esposas al gineceo y no las dejaban participar en las fiestas públicas ni privadas. La esposa educa a los hijos pequeños, pero luego le son arrebatados para confiarlos a pedagogos”[5]

La educación fue fundamental para propagar y sostener el comportamiento sexual, uno de los fenómenos importantes es la educación pederástica.


La educación pederástica estaba compuesta por un hombre mayor activo y uno más joven pasivo, el mayor es conocido por el nombre de “erastes” y el joven de “erómenos”, en el tipo de relación que se forjaba existen varias posturas , pero eso en el fondo habla de las pocas fuentes con las que se cuentan.

Unos dicen que no existió la relación oral y anal, solo se dio la intracural, otros afirman que el modelo pederástico no excluyo la relación oral u anal, del erastes y el erómenos.

La educación de erastes comenzaba aproximadamente a partir de los 12 años hasta mas menos los 17 años, sin embargo no era tan rigurosa.

“Cuando un hombre honrado, enamorado del alma de un joven, aspira a hacer de él un amigo sin mácula y a vivir con él, lo elogia y ve en esa amistad la más hermosa manera de educar a un joven. Pero si alguno parecía estar enamorado solamente del cuerpo, lo declaraba infame y por ello no tenían los amantes menor retención en su trato con los muchachos que los padres con sus hijos y los hermanos con sus hermanos.”[6]

La educación pederástica de por si es la gran contradicción al amor platónico, puesto que nosotros hablamos de la interpretación de Platón y su concepción sobre el amor los ideales metafísicos, etc, y la pederastia por su parte es la muestra concreta de que existía una satisfacción al placer y a los ideales físicos, a la belleza del mancebo que se educaba.

Ahora bien el objeto de la pederastia no solo implica la satisfacción sexual, la pederastia comprendía un modelo de “sumisión, admiración y formación”[7], y ante este aspecto es fundamental detenerse, más allá de comprender como se efectuaba la relación entre el erastes y el erómenos, es necesario fijarnos en el objetivo.

Es la aplicación de valores comprendidos como necesarios para la educación del adolescente, estos valores para formar parte de la educación y de la formación principalmente deben estar sujetos a un nuevo ideal de hombre, este hombre que se sostenía bajo una nueva perspectiva de virilidad, un hombre de práctica homosexual.

Frente a esto sostenemos entonces que una nueva interpretación valorica afirmó y legitimó cualquier tipo de práctica social en Atenas, de manera que la homosexualidad no es ajeno a esa realidad, el valor de la libertad y la virilidad como lo hemos analizado proviene de la cosmovisión cretense, para después formar parte de los ideales homéricos.

Nunca se dejo ser menos persona por practicar una sexualidad distinta, sin embargo, conviene ser prudente puesto que la misma obra de Platón nos muestra otro aspecto de relieve;“Algunos, en cambio, afirman que son unos desvergonzados. Se equivocan, pues no hacen esto por desvergüenza, sino por valentía, virilidad y hombría, porque sienten predilección por lo que son semejantes a ellos”[8].


¿Qué es lo que queremos afirmar con esto?, que necesariamente la práctica sexual necesito un soporte valorico, pues no era bien vista la homosexualidad, y en esa campaña de legitimizar la homosexualidad, estuvo la filosofía, la poesía, la educación y el arte entre otros.

Ahora frente a este proceso de legitimización que tuvo la pseudo-homosexualidad, se involucra otra idea necesaria, “la aristocracia”, puesto que la pregunta pertinente es ¿A quién revalido la filosofía del siglo V?.

Bien sabemos que la educación de los siglos anteriores reposó en el ideal del Areté, conocido por su carácter aristocrático, .

Cuando señalamos en el tópico de “Atenas y la nueva interpretación valorica”, hablábamos de una nueva forma de entender el Areté. Esto influyo necesariamente en la visión de la sociedad, que ya se estructuraba de una manera distinta gracias a Solón.

La filosofía hija de la nueva interpretación valorica también logra subordinarse de esta interpretación y al buscar nuevas claves antropocéntricas, se llega a una reinterpretación de la interpretación, ¿en qué sentido?, en la educación, la filosofía del siglo V regresa a los parámetros anteriores del Areté, trata de destruir su universalidad y se vuelve a la idea de que el Areté es solo de las “almas selectas”.

“Pero el pensamiento ético de los grandes filósofos atenienses permanece fiel a su origen aristocrático al reconocer que la areté sólo puede hallar su verdadera perfección en las almas selectas”[9]

Las “almas selectas”, son justamente la nobleza, la aristocracia que dormía entre sus pares, esta revaloración de ella se da en todo ámbito, por ello ante su práctica sexual, que no era muy peculiar (la práctica homosexual), puesto que se daba de mucho antes, pero que siempre fue mal vista, fue necesario un soporte intelectual para su validación, eso es justamente lo que se construye en Atenas del siglo V.
NOTAS
[1] Platón, op.cit, p56.
[2] Ibíd, p59.
[3] Francis Mondimore, op.cit, p.16.
[4] Platón, op.cit, p59.
[5] La Liberalidad Griega, fu.cit.
[6] Ibidem.
[7] Reflexiones sobre el modelo Pederástico, fu.cit.
[8] Platón, op.cit, p59.
[9] Werner Jaeger, op.cit, p27.

La pseudo-homosexualidad de Atenas en el Siglo V

EXTRACTO
La sexualidad

Ahora podemos adentrarnos, todo lo que hemos analizado anteriormente, nos sirve como antecedente necesario, para estipular cualquier tipo de conclusión que demos en esta parte del trabajo.

Del texto de Francis Mondimore[1] podemos concluir que tanto las obras de teatro griego y las piezas de cerámica de la Grecia Antigua, hablan de un fuerte carácter erótico, donde encontramos en algunas piezas una fuerte pronunciación al contacto homosexual masculino.

Atenas fue la polis donde relativamente la homosexualidad[2] fue más libre, socialmente aceptada y en ciertos aspectos incluso, exaltada. En él los amores pederastas (relaciones entre un hombre y un niño), y sáficos (amor de una mujer hacia otra ), conocieron un florecimiento excepcional, acompañado de un gran prestigio literario, artístico y filosófico.

Gran parte del arte es de inspiración homosexual, empezando por el desnudo masculino, representado a través de la escultura, sobre todo en los siglos IV y V antes de Cristo, también la poesía griega debe gran parte de su inspiración a la homosexualidad como la poesía de Safo.

Safo que nacida en Eresos, la isla de Lesbos, fue considerada como la décima musa, fue para los griegos una importantísima poetiza (esencialmente), “inicio un circulo de muchachas que consagradas al servicio de musas se preparaban para su ulterior misión de mujeres, Safo se convirtió en la alegoría y símbolo de la homosexualidad femenina, en el safismo, o amor lesbiano”[3], su poesía es justamente una de las pocas fuentes que se cuentan para comprender el amor entre mujeres, y consideramos bastante poco pertinente la connotación que se da en el libro de Mondimore, cuando dice que Safo “era una poetiza que amaba a las mujeres y no una lesbiana que escribía poesía”, nada se puede aseverar pues no poseemos las fuentes necesarias.

Si somos más exactos en los datos podemos hablar mas que de una “homosexualidad” una bisexualidad, puesto que el hombre se casaba y bien seguía buscando placer en los jóvenes. Para los griegos el placer sexual y el matrimonio no estaban necesariamente vinculados.

Esta realidad griega de que el Matrimonio no era necesariamente de placer, se puede rescatar de Esparta, por ejemplo cuando los varones tenían la desgracia de casarse con una mujer poco prolífica, tenían que pagar una multa al Estado, por que la idea del Matrimonio era ofrecer mucho hijos para sustentar el poder y la gloria de Esparta[4]. Por lo tanto en el universo griego la realidad del Matrimonio no era ajena, pero el rol que cumplía era especifico, más que una unión basada en el amor (como hoy en día), tenia grandes objetivos sociales, es por ello que en Atenas se asume con tanta naturalidad casarse y seguir buscando placer en otras partes, pues el Matrimonio solo era un contrato.

Este papel que juega el Matrimonio en la sociedad, bien ya lo podemos encontrar como dijimos anteriormente, en la civilización Micénica, donde se comienza a desperfilar el rol de la mujer y su rol en el Matrimonio.

La posición de la mujer en la democrática Atenas no quedó recluida al hogar, como podría suponerse. Llevaba una vida retirada, pero consciente de su rango. Acudía a las representaciones de teatro en Dionisios; mandaba a sus servidores a comprar las cosas, y gozaba del respeto y la libertad, aunque no siempre del marido, quien a consecuencia de sus uniones extraconyugales no solía ser un amante ardiente. Las mujeres casadas no podían asistir a los Juegos Olímpicos, y no porque los atletas saliesen completamente desnudos -las chicas solteras los presenciaban-, sino porque resultaban fiestas populares en la que todos se daban a la juerga desenfrenada. Además, los Juegos pasaban por Corinto, la ciudad de los placeres extraconyugales.

Esta realidad es bastante contradictoria, en el proceso que indicábamos en la civilización micénica, donde se comenzaba a despreciar a la mujer, con Atenas (y este es otro antecedente para nuestra hipótesis), se invirtió cualquier visión o interpretación de la coyuntura y se rescatan los valores dormidos o alejados de Homero, pero que son de relevancia para la sociedad.

En esa búsqueda y re-interpretación, se llega entonces al re-descubrimiento de los valores de la primigenia, la cultura minoica o cretense, por ende a una revalorización de la mujer, que sin embargo nunca fue total, recordemos que la mujer no tenia participación en la política y por lo tanto en la sociedad debe haber tenido algunas limitaciones.

La filosofía también es otro antecedente de la importancia de la mujer en la sociedad y en el comportamiento sexual. Pero resulta sumamente difícil sostener cualquier tipo de teoría sobre la reputación de la mujer en toda la sociedad, o el comportamiento de la mujer en la actividad sexual.

“...los hombres forman sus clanes, y todas las actividades de los atenienses se llevan a cabo en círculos educativos, en gimnasios, en círculos políticos, en reuniones filosóficas y literarias, y en banquetes. Cierto que en ellos había mujeres, pero no eran sus esposas: sólo cortesanas, bailarinas, tocadoras de flauta y de crótalos(...)Vistas las cosas de ese modo, se comprende que en el mismo momento histórico adquirieran preponderancia las hetairas por un lado, la homosexualidad masculina por otro, y el tribadismo o las lesbianas en tercer renglón.”[5]
NOTAS
[1] Francis Mondimore, Una historia natural de la Homosexualidad, Paidos, 1°Edición, Buenos Aires, 1998.
[2] De aquí para delante, trabajaremos con el concepto de Homosexualidad, para simplificar el sentido en la redacción.
[3] La liberalidad Griega, fuente citada (fu.cit).
[4] Héctor Velis-Meza, Anecdotario secreto del amor y el sexo, Feria Chilena del Libro, 1°Edición, Santiago, 2003, pp72-73.
[5] La Liberalidad Griega, fu.cit.