Para delimitar este primer campo debo esclarecer que he optado por la metodología del joven Marx, quizás una de las más ricas interpretaciones al respecto. En su texto Sobre la cuestión Judía Marx interpela a Bruno Bauer para esclarecer una cuestión sustancial, la diferenciación entre la emancipación política y la humana. Consideremos algunas de las reflexiones que vierte sobre esa temática. Marx afirma que el Estado es tal, cuando es político, con ello se refiere a que sólo cuando se desplace de lo público las virtudes privadas, se consumaría la vida en la comunidad política como ser colectivo. Es por ello que el individuo dentro del Estado puede considerársele como un ser genérico, sin embargo miembro imaginario de una imaginaria soberanía
[1].
Sólo cuando el Estado se encuentra consumado, la vida genérica del individuo se enfrenta a él en una completa oposición a su vida material. Ya que la vida egoísta (particular) pervive en las afueras de los limites del Estado, dentro de la sociedad civil. En ese punto además el pensamiento, la realidad, la vida se dislocan entre lo celestial y lo terrenal, en esa misma lógica, el Estado es mediador entre el individuo y la libertad del individuo, así como Cristo es el mediador sobre quien el individuo descarga toda su divinidad, toda su servidumbre religiosa
[2]….De modo que si pensamos en la emancipación política ésta no es el modo llevado a fondo y exento de contradicciones de la emancipación humana
[3], esto, ya que se manifiesta en el hecho de que el Estado puede ser libre, un Estado libre (políticamente consumado) sin que el ser humano sea libre.
Ordenemos estas ideas. Para Marx el Estado está situado dentro de un campo de relaciones sociales determinadas: la sociedad burguesa. Dentro de ese orden, disociar la vida pública de la privada, es uno de los aspectos que coronan la emancipación política. La política, es sólo ese desplazamiento, y el Estado burgués su fiel reflejo. Esto se manifiesta claramente cuando el Estado, en tanto Estado, anula la “propiedad privada”. Abolir políticamente la propiedad privada es la última forma política de reconocimiento de ésta misma. Lo que realmente sucede, es que el Estado deja que actúe a su modo la propiedad privada, ya que él mismo sólo existe sobre esta misma premisa, hace valer su generalidad en contraposición a este elemento que le pertenece.
Ante esto, lo real, la vida, aunque sólo es una apariencia o excepción momentánea dentro de la esencia y la regla del Estado, puede también ser “política”. Sólo cuando la vida trate de confrontarse a la premisa del Estado (La sociedad burguesa) y logré constituirse en “ser genérica” real, exenta de contradicciones, la vida pasa a ser política. Ello como el mismo Marx lo aclara, se da solamente cuando la vida se da en la comunidad política y mediante las contradicciones violentas con sus propias condiciones de existencia, en otras palabras, mediante la revolución como permanente
[4]. De modo que, la posibilidad de una verdadera revolución (en el campo de lo político) sólo puede originarse en un momento apropiado de la historia, cuando la vida se encuentre de frente a las contradicciones absolutas del Estado y del Capital. Sólo en ese momento la vida es política y la existencia trata de constituirse en genérica. La vida es política cuando lucha contra las contradicciones que la han dejado suspendida.
Concluyamos algunas ideas antes de continuar. Según esta lectura de Marx, podemos mencionar que el Estado en primer lugar no es un epifenómeno, ya que si bien refleja las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, cuando se refiere a las premisas de la propiedad privada sobre el Estado y la política, no pone de ningún modo al Estado fuera del cambio histórico, no existe una exclusión de la política (burguesa), en la medida que esta misma se desafilia de lo social. Por lo mismo y en segundo lugar, tampoco el Estado es instrumental a la dominación de clase, porque el Estado permite que fluya la naturaleza particular de la propiedad privada por fuera de sus márgenes. Luego, tenemos un tercer punto, el Estado no es de ningún modo una totalidad, el Estado está sometido a su propio desarrollo histórico, por ende hay momentos en los cuales la fragmentación y la ausencia de la política sean sus características reales e históricas.
En el periodo que trataremos de abordar, no existe un Estado como tal. El “Estado” chileno de los decenios, no es político en ningún sentido, principalmente porque no existe un espacio público donde se construya el poder, no existe un debate de ideas, sólo se erige la majestuosidad de la propiedad privada sometida al Cuerpo de la Decencia
[5] o la moralidad del orden burgués católico de la medianía decimonónica. La vida privada de la oligarquía es desplazada a pulso y al son de los batallones y la sangre de las guerras cívicas, en el espacio público, en el “Estado”
[6]. “Con la guerra de la independencia se consiguió la emancipación política, pero no la libertad social: nos constituimos en naciones independientes, pero no en pueblos soberanos: nos denomínanos republicas, pero siempre fuimos i aun somos oligarquías”
[7]. Es por ello que hablaremos de Regímen de Estado o Regímen Oligárquico, conceptualización mucho más precisa para abordar el tema.
NOTAS
[1] Web: “Marxismo Educar”, Biblioteca, Marx “Sobre la cuestión Judía”, Braunschweig, 1843. http://www.marxismoeducar.cl/sobre%20la%20cuestion%20judia%20me.htm
[2] Ibidem.
[3] Ibidem.
[4] Ibidem.
[5] Concepto utilizado por Maximiliano Salinas en, El reino de la decencia. El cuerpo intocable del orden burgués y católico de 1833, LOM, Santiago, 2001.
[6] ANSALDI, Waldo, Frívola y Casquivana Mano de hierro en guante de seda. http://www.catedras.fsoc.uba.ar/udishal/art/frivolacasquivanamanodehierro.pdf
[7] PALMA, Martín, Reseña Histórico-Filosófica del gobierno de D. Manuel Montt. Imprenta Nacional, Santiago, 1862, p.10