domingo, 20 de julio de 2008

Hegemonía en el Post-Marxismo

Desde que adoptamos el teorema post-marxista situamos el concepto de Hegemonía en un primer lugar. Aquí iniciaremos una fractura con la perspectiva clásica del marxismo. La hegemonía no es compatible con la lógica social marxista[1] ya que no se trata de una prótesis teórica que permita unificar las falsas conciencias en una misma posición de sujeto (clase), sino que se trata de considerar al complejo entramado social como un espacio atomizado, multiforme y atrofiado. En las sociedades de capitalismo periférico[2] se sintió un leve hálito al proceso de industrial (ISI), pero a diferencia de Inglaterra y otras regiones de avanzada, se llevaron procesos de cambio en las zonas agrícolas, se incrementaron los rendimientos y mecanizaron en gran parte las zonas rurales, sin embargo en nuestras sociedades el capitalismo continuo con una transición bastarda y la industrialización se topó con sistemas de producción colonial, para luego dar paso a un proceso de transnacionalización del mercado interno (TMI)[3] que trató de modernizar las relaciones de producción (y por ende también, sociales de producción) y sólo demostró las ineficaces políticas neoliberales, en un primer lugar porque la paradoja esencial del TMI es tratar de aumentar los beneficios de las clases exportadoras (tratando de superar los índices del Estado Desarrollista) y la inflación a costa de una disminución de la demanda agregada por la base neo-esclavista[4] (precarización laboral) de la cual se compone, llamado eufemísticamente como modernización del empleo, la flexibilización laboral. En este balance, ponemos entonces a múltiples sujetos en posiciones concretas, donde el mismo desarrollo del capitalismo ha impulsado no sólo a un proletariado sino también un sub-proletariado[5], una masa gigantesca de otros sujetos dentro del mercado del trabajo. Condiciones de precarización laboral masculina y en otra parte el femenino y el adolescente, el desempleo como masa flotante, la informalización del trabajo[6], son algunas. Ante este campo es difícil (además de obtuso) considerar una clase única que encarne todas las contradicciones del capitalismo. Comprender y asumir esta situación nos lleva a contener el marxismo, pero radicalizando su basamento fundamental.

NOTAS

[1] Para leer las discusiones sobre el concepto de hegemonía y una genealogía en base aun revisionismo marxista; lecturas post-marxista como: LACLAU, Ernesto & MUFFE, Chantal (L-M), Hegemonía y estrategia socialista, Fondo de cultura económica, Argentina, 2006.
[2] Ver más en: BETHELL, Leslie, (coord.) Historia económica de América Latina. Desde la independencia a nuestros días, Capítulo 9: Las economías latinoamericanas, 1950-1990, Crítica, Barcelona, 2002.
[3] Ver más en: ZAPATA, Francisco, “Autonomía y subordinación en el sindicalismo Latinoamericano”, Fondo de Cultura Económica, México,1993; y del mismo autor “¿Crisis en el sindicalismo en América Latina?”, 2003.
[4] Ver más en: NEGRI, Antonio - COCCO, Guiseppe (N-C), Global. Biopoder y luchas en una América Latina globalizada, Ed. Paidos, Buenos Aires, 2006, p.49
[5] Ver más en: Carmagnani, Marcello, Estado y Sociedad en América Latina: 1850-1930, Crítica, Barcelona, 1984. En el capitulo 3: Tierra y Libertad, la crisis del proyecto oligárquico.
[6] Para comprender las distintas posiciones de los sujetos dentro del sistema de producción, leer literatura que se refiera a la crisis sindical y el cambio de las condiciones del mercado laboral. Ver más en: MIZALA, Alejandra & ROMANGUERA, Pilar “La legislación laboral y el mercado del trabajo en Chile 1975-2000”

viernes, 18 de julio de 2008

La Tri-Centralidad de la crisis marxista

La centralidad ontológica se ha diluido entre las múltiples posiciones en las cuales se ha demostrado constituir el ser (sobretodo posteriormente al capitalismo planificado y el tardo-capitalismo postfordista), el sujeto-clase padece de esa primera des-construcción, y si bien la conciencia obrera pareciera constituirse en “otro” discursivo, como categoría teórica articuladora, unificadora de un “común social”, la inexistencia material de ese movimiento nos empuja a realizar un desplazamiento en el cual el “otro” discursivo pasa a ser su antimateria, convirtiéndose posteriormente en una necesidad simbólica.

La semiosis que los sujeto-clase han originado, dan paso a una extensión ideológica omnicomprensiva, Marx estuvo situado en ese flujo. Y el punto de ésta cuestión es que entonces el marxismo pasa a convertirse en un modelo comprensivo histórico, como un hiato social, que relacionó clase obrera con revolución dentro de un mecanismo de cambio social en un espacio totalizado (idealizado) de alto fondo fragmentado. De modo que la revolución pasaba a ser un momento único en la historia, una refundación social de la transición.

La recuperación de la política se da en todos los ámbitos en los cuales la voluntad colectiva se había autoproclamado homogénea, y esto a la vez, se constituyó en el homicidio técnico-teórico de la verbalización simbólica del marxismo ortodoxo.