viernes, 22 de febrero de 2008

Arte y Politica (Extracto)

Extracto__La primera Guerra Mundial: progreso, barbarie y transformación del arte, expresiones dialecticas del capitalismo 1870-1918.
(...)Por ello mismo afirmamos: la guerra es bella, porque, gracias a las máscaras de gas, al terrorífico megáfono, a los lanzallamas y a las tanquetas, funda la soberanía del hombre sobre la máquina subyugada. La guerra es bella, porque inaugura el sueño de la metalización del cuerpo humano(...) La guerra es bella, ya que crea arquitecturas nuevas como la de los tanques, la de las escuadrillas formadas geométricamente, la de las espirales de humo en las aldeas incendiadas y muchas otras... ¡Poetas y artistas futuristas... acordaos de estos principios fundamentales de una estética de la guerra para que iluminen vuestro combate por una nueva poesía,, por unas artes plásticas nuevas!.
Marineti, Manifiesto Futurista, sobre la guerra colonial de Etiopía.


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A veces es difícil hacer manifiesta cuestiones que permitan liberarnos del capitalismo, o buscar en él aspectos duros que nos permitan abrir fugas y esperanzas. El primero en señalar esta cuestión fue Marx, fue capaz de ver en la clase obrera la fuerza que derribaría el capital. Pese a que históricamente fue potente como la comuna de Paris en la Francia de 1871, también causó cambios sustantivos, como las reformas sociales que se implantan en la Inglaterra victoriana en 1837 a 1901, o el malestar expresado en violencia anarquista y agitación social como en Italia durante 1878 y 1900, posteriormente España que tras la guerra de Marruecos, aparecen reivindicaciones sociales, sindicalistas y anarquistas, huelga general que termina en una violenta y anticlerical semana en 1909, denominada la “Setmana trágica”[1].

Lo que se ve en uno y otro proceso es un periodo similar, principios del siglo XX, es la conjugación de una clase social que buscaba fervientemente modificar su reproducción social, política y económica. Si bien esa fuerza obrera, se fue dilapidando y transformando (por procesos de gran alcance que no trabajaremos en este ensayo) lo esencial es considerar que el capitalismo estructuralmente siempre se ve desbordado por un elemento social que parecía ser controlado. Esto implica entender al capitalismo en todo sentido dialecto, no necesariamente autodestructivo, pero sí autoalienante, ya que no sólo la clase obrera es enajenado de su condición social sino que también la burguesía padece el síntoma frente al capitalismo que lo consume, por lo mismo aquí agrego: el capitalismo se autoenajena. Esto último implica que el capitalismo inicia dispositivos con el fin de autoproducirse constantemente, lo cual abre espacios que saltan intermitentemente durante su historia, esas fugas pudieran ser de largo alcance, pero debiéramos estudiarlas profundamente. Durante la I Guerra Mundial (I-GM), la contradicción de barbarie frente al desarrollo que se daba del capitalismo desde fines del siglo XIX, incuba en su propio proceso modificaciones únicas, en ese sentido el arte y la aparición de las vanguardias antes, durante y después de la I-GM, son la expresión sintomática de buscar chances, abrir salidas, el Dadaísmo en ese sentido, es el gran ejemplo de la constitución de un antiarte, la autodestrucción de un goce estético y la apertura de la politización del arte.
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Para sostener el siguiente trabajo de investigación, tuve que referirme a un aspecto esencial. Walter Benjamin en su texto “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”[2] (1936) , se refiere a una cuestión sustantiva. Benjamin propone que las nuevas formas del arte (la fotografía y el cine, durante la Alemania Nazista) han provocado una cuestión nunca antes practicada, el arte al ser reproducido ha perdido su “aura” (y esta entendida como la manifestación irrepetible de una lejanía), esto significa que desde el siglo XX el arte esta constantemente en “repetición”, con el fin de ser producido en masa y para las masas, siendo este un aspecto nuevo del capitalismo. En ese sentido el arte ya no responde mas a cuestiones naturales, personales, aisladas de un “artista”, sino que ahora se conecta con los hechos simultáneos del mundo. El arte comienza a dar cuenta de la superestructura y por lo mismo se manifiesta lentamente. Este proceso marca el fin del arte, entendido como el goce de unos pocos, esta autoalienación es clave para comprender como el arte desde ser un objeto de contemplación, se abre como objeto de sí mismo permitiendo politizar su contenido y significado.

Otro autor que sostiene esta cuestión es Eric Hobsbawm, quien comprende que el vanguardismo, fue la expresión anticipada del hundimiento de la sociedad burguesa liberal. Señalando tres aspectos claves: el ingreso del vanguardismo al arte institucionalizado, su paso al menos parcialmente en la vida cotidiana, y finalmente el aspecto más importante, la experimentación de una espectacular politización, aunque durante el periodo que abarcamos permaneció al margen de los gustos de la masa de la población, influía más de lo que el propio público reconocía. Esta cuestión es sustancial para comprender lo que mencionábamos de Benjamin, o sea la introducción profunda de la política en el arte o viceversa. El segundo aspecto tiene que ver con el movimiento del vanguardismo como expresión estética antiarte burgués (como el dada) hacia su conversión institucionalizada.

Si bien Benjamin se preocupa esencialmente del cine y la fotografía, para dar cuenta de otro tipo de contemplación, no como la pintura que es estática y contemplativa de toro y lomo, es posible replantear esta hipótesis para la cuestión que abordaré. En ese sentido Hobsbawm nos da pistas que ayudan a sostener la transformación del arte, critica al mundo burgués, aclarando que pese a que el arte ingresa parcialmente en la vida cotidiana, no es un arte de masas, sólo de unos pocos pero que puede influir en ellas (un doble movimiento). El arte desde comienzos del siglo XX comienza a dar cuenta de la superestructura. La superestructura se desnuda en el arte aferrado al proceso durante el paranoico primer atisbo del capitalismo monopólico del siglo XIX, o sea la I-GM.

En esa etapa el arte se mueve contra su propia contemplación, para convertirse en sujeto y objeto de contenido político. Es ahí cuando comprendemos el movimiento dialéctico del capitalismo de “progreso y barbarie”, “barbarie y arte” cuestión histórica que se enmarca en el manifiesto futurista de Marineti, para finalmente constituirse en “arte y política”. Estos tres movimientos son incomprensibles sin considerar el contexto del capitalismo, al menos en un aspecto fundamental, es el proveedor material para la constitución de un nuevo arte (como lo fue durante el siglo XV con los mecenas) esto producto del esplendor técnico que vivía. Esto debe ser conjugado con la segunda “patita” el movimiento dialéctico del capitalismo desde 1870 a 1914, es la crisis clave, la chance política que abrió manifestaciones críticas. La fuerza autoalienante del capitalismo genera espacios únicos que deben ser captados en su preciso momento, sólo de ese modo los sujetos pueden penetrar con fuerza destructiva, no antes ni después, así mismo fue el breve momento de las vanguardias antes de su institucionalización.
NOTAS
[1] Vidal, José – Gómez, Javier – Rovira, Jaime (Editores), Enciclopedia Estudiantil Tutor
Tomo II Historia Universal, Capitulo “La economía mundial en el siglo XIX: La nueva revolución industrial”, Editorial Océano, España, 1996, p.331.

[2] Benjamin, Walter, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936), Editorial Taurus, Madrid, 1973.