martes, 30 de septiembre de 2008

La crisis Oligárquica en el 1er Centenario Chileno

Para responder esta cuestión es necesario primero afinar algunos detalles. A finales del siglo XIX, el Estado oligárquico ya estaba consolidado con una población y régimen político vigente, desde este periodo la transformación inicial tiene que ver con conflictividad social: aparece el moderno conflicto del capital/trabajo, era la situación de las nuevas clases trabajadoras que se relacionaban salarialmente. En esta cuestión es esencial comprender por un lado a los sectores populares. El conflicto de ipso (capital/trabajo), junto a la cuestión social, serán clave en el ascenso político de los sectores populares (persistentes desde mucho tiempo atrás), si bien carecían de capacidad política, gozaban de una relativa autonomía que permitió fortalecer lazos de asociatividad de base. Esto a su vez explica la aparición de heterogéneos bolsones de poder social.

Desde 1880-1920 estos nuevos poderes reclamaran un lugar en la discusión política, en ese sentido calza perfectamente la tesis de Fernández, cuando señala que el Estado excluyente de fines del siglo XIX, es criticado desde afuera, pero como veremos en la siguiente pregunta, resuelto desde adentro. Paralelo al ascenso de los sectores populares, esta la aparición de las capas medias (su existencia esta estrechamente ligada a la educación de elite y la expansión burocrática del Estado) que pasan a ser un actor social que deja de emular las clases dirigentes y desde esta época se configura su autonomía relativa, la que le permite sustentar tal transformación, y ser el pie necesario para reclamar con identidad de clase un lugar en la esfera política. Tanto los sectores populares como las clases medias, serán en conjunto una fuerza social que devino constituyente, para realizar cualquier transformación era necesario integrarse al sistema político imperante o rechazarlo (es prudente recordar que el sistema político contaba con mecanismos y espacios formales de participación electoral, pero eran hegemónicos los dispositivos informales que limitaban y obstruían la práctica política efectiva).

En ese aspecto notamos el primer factor sociopolítico que sustenta al primer actor constituyente o poder constituyente (el popular y de las clases medias), la aparición de una nueva configuración social (capital/trabajo) que permite nuevas formas de relación de clase, es ahí cuando la desigualdad (por la explotación de una clase sobre otra) es la que abrirá un movimiento social sustentado desde su propia producción. Que frente a una política y Estado excluyente (que cava su propia tumba), se abría un espacio de autonomía relativa que será clave en la aparición asociativa y critica del poder constituyente medio-popular. Es tanta la fuerza de este movimiento que las clases dirigentes (desde la primera década del siglo XX) buscarán conseguir apoyo político-electoral, o sea, reconocen el poder social que ejercía este bloque. Esta primera relación (de las clases dirigentes constituidas en el poder y el bloque popular-medio constituyente) desgarran a la elite hegemónica, situándola en un abismo político.

El segundo y tercer poder constituyente, que irónicamente son el poder constituido de las clases “autonombradas” dirigentes, se tuvo que transformar en tal por una cuestión critica, se necesitaba del bloque popular-medio, pero no para integrarlo a dirigir el país, era necesario pero debía ser canalizado, codificado para el Estado oligárquico (en palabras sencillas, eran necesarias diversas reformas para el propio beneficio de las clases dirigentes). Desde ese abismo se abren dos sectores el conservador (unionistas) y el reformista (aliancistas), ambos se distanciaban en la altura de miras sobre esta problemática. El reformista estaba claramente dirigido por la Alianza Liberal, encabezada por Arturo Alessandri, quien pudo observar lo que sucedía y estratégicamente planear las reformas necesarias para la mantención del poder, en 1920 Alessandri dio el primer puntapié, transformó el poder popular-medio social en su base electoral legitima (en votos), y en esa estrategia el bloque conservador perfiló su contrapuntada desde el parlamento, abriendo un periodo de inestabilidad y mas peligrosa aún, de ingobernabilidad.

En esa coyuntura el bloque medio-popular se movió por impulsar desde abajo una nueva carta constitucional, apelando al establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente (en este punto y desde un poco antes el bloque constituyente social medio-popular, se transformaba en político). De modo que la elite dominante o poder constituido, que estaba irreconciliablemente divido, tuvo que transformarse en poder constituyente para subordinar a las clases populares y desde dentro configurar la mantención de los soportes clave en el sustrato de su poder estatal; pero no fue una estrategia ausente, al igual que esta crisis que se inicia desde afuera, la clase dirigente se la jugara por la coadaptación con un nuevo actor político, el tercer poder constituyente: Las fuerzas Armadas.

En suma, el segundo factor sociopolítico, esta enredado desde varios puntos. La aparición del segundo poder constituyente esta ligado con la fuerza del bloque popular-medio, que resonó como un peligro a la mantención del poder de un Estado y clase política autoreferente, como canalizar o resolver esta cuestión era clave, la represión acentuada a principios del siglo XX, ya no eran eficaces para aunar la potencia social de la segunda década del mismo siglo. Como enfrentar esta cuestión se tradujo en la fragmentación de la clase dirigente y en la mutación de poder constituido en constituyente con el fin de retocar o reformas la estabilidad institucional del Estado, la cual le había permitido establecerse como clase hegemónica. Para llevar a cabo esta tarea falta el otro ingrediente, establecer una alianza con la fuerza militar.

El poder militar no devenía en un recurso para una guerra civil, puesto que la coyuntura de 1925 contaba con el actor político medio-popular, el cual acechaba la dominación y esto era mas urgente de resolver que la propia división de la elite. Las fuerzas Armadas en ese sentido, ya no constituían un recurso bélico sino que estratégicamente un aliado político. Este “juego con fuego”, buscaba que la elite al ser parte del poder constituido, apelara al orden (o sea la mantención civil necesaria para el funcionamiento del aparato del Estado) y además evitara que la fuerza militar se constituyera por si sola en una fuerza autónoma, cosa que fracasará. La intervención de las fuerzas armadas en 1925, se diferencian de otras por un elemento de hondo alcance, se habían constituido en un actor político autónomo, siendo este otro proceso que se le desbordó a la oligarquía y es culmine en la crisis del Estado.

Las fuerzas militares se constituyeron en un actor político independiente desde que se años atrás se había conseguido una modernización profesional del cuerpo militar, de modo que obstaculizaba su instrumentalización de clase (cuestión que era necesaria para la elite). Son los oficiales intermedios quienes protagonizaran esta conflictividad, reclamaban por un descontento a situación particular, de falta de movilidad en los cargos y pagos, entre otros. Esto llevó a sumarse al conflicto desde sus propias demandas, cuestión clave para comprender su transformación en poder constituyente, ya que el igual que las clases dirigentes era parte del poder constituido y por lo mismo Alessandri decidió confiar en ellos.

Esta transformación no es del todo endógena, fuertemente se debió a la influencia de Alessandri, que esbozo una predica antiparlamentarista. Por ello tras la renuncia del presidente (y el “acto de presión”, que devino en un bloque cívico-militar de vigilancia a las reformas solicitadas) y el verdadero golpe de Estado que da el Comité Militar a la Junta Militar de Gobierno, buscó por parte de los golpistas convocar una asamblea constituyente. Si bien los militares no tuvieron demasiado peso en la articulación de una nueva constitución, su presión es clave para entenderla como una fuerza constituyente.

De modo que el tercer factor sociopolítico que explica el ascenso de este nuevo poder constituyente, es intestinamente al poder militar su modernización, que devino en la conversión de un cuerpo autónomo de difícil (pero no imposible) instrumentalización, lo cual lo llevó a ser parte del conflicto como un poder de tipo constituyente. Tenemos entonces que estos factores conjugados además con los cuatro acontecimientos claves (la revolución mexicana, la revolución bolchevique, la reforma universitaria y la elección presidencial de 1920, abrirán un nuevo espacio, forma y organización política) serán los factores explicativos mas coherentes en el ascenso de los nuevos sectores constituyentes.

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