La centralidad ontológica se ha diluido entre las múltiples posiciones en las cuales se ha demostrado constituir el ser (sobretodo posteriormente al capitalismo planificado y el tardo-capitalismo postfordista), el sujeto-clase padece de esa primera des-construcción, y si bien la conciencia obrera pareciera constituirse en “otro” discursivo, como categoría teórica articuladora, unificadora de un “común social”, la inexistencia material de ese movimiento nos empuja a realizar un desplazamiento en el cual el “otro” discursivo pasa a ser su antimateria, convirtiéndose posteriormente en una necesidad simbólica.
La semiosis que los sujeto-clase han originado, dan paso a una extensión ideológica omnicomprensiva, Marx estuvo situado en ese flujo. Y el punto de ésta cuestión es que entonces el marxismo pasa a convertirse en un modelo comprensivo histórico, como un hiato social, que relacionó clase obrera con revolución dentro de un mecanismo de cambio social en un espacio totalizado (idealizado) de alto fondo fragmentado. De modo que la revolución pasaba a ser un momento único en la historia, una refundación social de la transición.
La recuperación de la política se da en todos los ámbitos en los cuales la voluntad colectiva se había autoproclamado homogénea, y esto a la vez, se constituyó en el homicidio técnico-teórico de la verbalización simbólica del marxismo ortodoxo.
viernes, 18 de julio de 2008
La Tri-Centralidad de la crisis marxista
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