domingo, 28 de octubre de 2007

Campo relacional y los Actuales Movimientos Sociales (AMS)

Para pensar el espacio de configuración por el cual los movimientos sociales recuperan el centro crítico y alternativo, debe asociarse la implantación del neoliberalismo y su actual fase de crisis (por ello en Enero de 1994 el Zapatismo será la iluminación libertaria del continente[1]), inclusive aún más atrás; es necesario comenzar desde la crisis del Estado de Bienestar (Walfare State); así trazamos una onda larga que estaría marcada por el ascenso sostenido de lo social, el momento transitorio de subsidencia en el comienzo del neoliberalismo, para actualmente dar comienzo a la recuperación del espacio y las demandas históricas de cada pueblo.

1.1

El Estado de Bienestar (o el pacto Capital-Trabajo), en América Latina no se logró conseguir en términos de los países Capitalistas Avanzados (CA), más bien en nuestras tierras se edificaron las bases de un Estado (social) desarrollista como menciona Julio Sarmiento, que tuvo su auge en el periodo posguerra mundial. Este se caracterizó por la cooptación del proyecto de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) y la subordinación de las políticas sociales en post de una ampliación del mercado interno[2]. Este tipo de Estado jamás significó la sustitución del sistema capitalista, sino que el cambio en el patrón de acumulación, no profundizaremos en ese tema por una cuestión de pertinencia para lo que queremos plantear, pero si es necesario mencionar que el Estado desarrollista fue parte de un nuevo patrón de acumulación correlativo al proceso general del capitalismo.

En términos sociopolíticos este tipo de Estado poseía una serie de contradicciones. En ésta parte de la historia vemos en los países latinoamericanos modificaciones tales como los acelerados procesos de urbanización, y desde ahí también, el des-plegamiento de una serie de políticas públicas en áreas como la salud, educación, vivienda y seguridad social, que pretendían fortalecer al Estado sobre la estructura social. En este caso podríamos mencionar éstas transformaciones como parte de un proceso de “subordinación de lo social”, pero creemos acertada la tesis de Ernesto Laclau, al señalar que este proceso “...lejos de asegurar la integración indefinida a las formaciones hegemónicas dominantes, ha hecho resaltar el carácter arbitrario de todo conjunto de relaciones de subordinación (...) Es en este terreno en el que han surgido aquellas nuevas formas de identidad política (...) con frecuencia englobadas bajo el nombre de “nuevos movimientos sociales”[3].

El Estado desarrollista al adoptar la ISI, mantuvo una coherencia con la preeminencia del mercado de bienes y financieros internacionales de postguerra. A la vez la ISI se constituyó en un placebo para los sectores populares (en la medida que fueron excluidos del “desarrollo”). Parafraseando a Norbert Lechner también podríamos incluir la idea de (si lo social según Laclau se constituye en un nuevo terreno y constitución de identidad política) lo político -constituido- “instrumental” al nacional-desarrollismo de las oligarquías y los sectores corporativistas[4]. Ésta suerte de mecanismo político, permitió generar estabilidad a priori y darle continuidad a la existencia del Estado que pasó a convertirse en el centro de disputa de las demandas sociales y económicas.

1.2

En la crisis del modelo desarrollista y el comienzo del neoliberalismo se elabora el intento de las clases dominantes por des-constituir la proyección política de “lo social”, que comenzaba a presionar sobre el Estado, y en realidad, sobre las relaciones “políticas aéreas”. Demos un par de vueltas sobre la crisis de Estado.

El modelo desarrollista sólo complicó aún más la dependencia con el mercado exterior, si antes eran los bienes manufacturados, ahora se sumaba una más costosa, la dependencia de tecnología-maquinaria que servía para resolver los procesos de industrialización (la sobre-centralización en éste tipo de área vino irónicamente a explicar el abandono del sector rural, e incluso explicar la importación de alimentos en algunos sectores), el sesgo persistente de proteccionismo devino disminución de competitividad. La lucha contra la importación determinó también en algunos sectores de la región el rebalse de los mercados internos, con ello posteriori edificación de mercados comunes (Asociación latinoamericana de Libre Comercio, Pacto Andino, Mercado Común Centroamericano, entre otros[5]), para darle solución. Luego, la facilidad de créditos en los setenta no hizo más que sostener y aumentar el endeudamiento externo[6].

A nivel de Estado, éste no pudo autonomizarse de las pujas distributivas , que según Sarmiento explican el “péndulo cívico-militar y (...) la radicalización del conflicto social” [7]–cuestión que podríamos poner en entredicho, pero que por ahora explican la crisis de Estado-. La soluciones que planteaba el Estado desarrollista estaban centradas en la inclusión de las clases medias, por ende dejaron fuera de lugar al resto de la diversidad social, campesinos e indígenas que para el caso boliviano dan cuenta de un proceso de re-constitución identitaria política. De este modo, en ambas partes (ISI y Estado) tendremos como síntesis una crisis de la deuda, procesos hiperinflacionarios, programas de ajustes y estabilización que le dejaran la puerta abierta a la inclusión y adopción del modelo neoliberal.

1.3

Si sumamos todo lo anterior a la disminución de los beneficios (producto sobretodo del aumento de los salarios reales, indirectos y diferidos que incentivaba el Estado social desarrollista) trazamos el mapa que seguirán los sectores neoliberales para hacer “tabula rasa” e imponer nuevas relaciones y formas económicas, sociales y estatales. El Estado desarrollista estaba amenazado sociopolítica y económicamente. Los movimientos sociales –por su parte- solicitaban más democracia, y que si bien el Estado trataba de burocratizarlas, no pudo contener la inestabilidad y la ingobernabilidad. Por ello el proyecto neoliberal vino a superar éstas cuestiones y fragmentar aún más la diversidad de “lo social” por medio de procesos profundos[8], que como veremos tampoco tendrán fruto. Lo social se hizo y se ésta haciendo indomable en nuestras tierras.

La “ofensiva neoliberal” cuestionó al Estado, al freno de los beneficios y la tendencia de ingobernabilidad (que desde “lo social” lo observamos como proceso de radicalización democrática). En el caso de la “ingobernabilidad”, para el neoliberalismo la centralidad del Estado (como receptor de demandas) fue el dispositivo que permitió la inestabilidad del sistema político (ahí vemos el comienzo de la respuesta neoconservadora-antidemocrática). En Claus Offe también observamos lo anterior, la diferencia expectativas-resultados acrecentó el descontento social[9].

Por ello la nueva derecha comenzó con el plan de desmantelamiento de las políticas sociales (reformas laborales, desplazamiento del Estado en la economía, abandono del Keynesianismo y el pleno empleo, y por último lo más relevante, la re-conducción de las demandas sociales al mercado, el movimiento de ciudadanos a consumidores o la idea del mercado como bienestar social) afín con el proceso de postfordismo productivo y social que se vivía en aquellos momentos. El terror a “lo social” también devino proyecto de “seguridad nacional”; eufemismo utilizado para tapar las dictaduras militares genocidas. Junto a lo anterior, la crisis de la deuda en los ochenta (la década perdida) y los procesos hiperinflacionarios fueron los que definieron en su totalidad al nuevo Estado.

1.4

El Estado neoliberal-monetarista no está en ningún sentido ausente, por ende rechazaremos de plano cualquier tendencia explicativa que nos ponga en jaque ¿Cómo implantar un modelo de desgarradora desigualdad y de traumática fragmentación social, sino es por medio de los aparatos coercitivos del Estado?, e incluso hoy ¿Acaso las empresas multinacionales no responden a capitales que se mueven de un lugar a otro, pero siempre responden a su Estado original? o ¿Acaso aún no se utilizan políticas proteccionistas en los países CA?. De todos lados que lo si podemos explicar, es el estratagema del Estado, que paso de una función evidente a una gestión tras bambalinas, pero del todo presente en el show que monta el neoliberalismo.

A varios años de la implantación del neoliberalismo (dependiendo del país), la crisis del sistema está marcada por una nueva pauta de referencia, “la cuestión social del siglo XXI”: el aumento de las desigualdades y la exclusión[10]. El desplazamiento de “sobredeterminación”, “sobrecodificación”, del mercado sobre las necesidades del consumidor y del neoliberalismo sobre el Estado (el acarreamiento de hiperinflación, crisis fiscal, etc), del gobierno global sobre la vida devino para Negri y Cocco, en el espacio de lucha y desarrollo prolífico para la organización del proyecto de la “Multitud”, desde ahí se comprende al neoliberalismo “...como perro muerto”[11], como un proyecto falso, fracasado a la hora de innovar en el terreno productivo y en proponer al mercado como espacio de movilización social. El desplazamiento circunstancial de ciudadano a consumidor, y el desplazamiento histórico de sectores sociales indígenas, campesinos y otros, en la codificación restrictiva de la democracia, devino en la radicalización de la democracia como un horizonte fundante.

La desigualdad y la exclusión están explicitadas en los principios del neoliberalismo al tratar los individuos como unidad principal, en base a intereses particulares, construyendo relaciones de intercambio con carácter mercantil, por lo tanto el brote de la “sociedad de mercado” que es capaz de inhibir las coacciones políticas[12]. De ese modo tenemos procesos de represión o bloqueo de las demandas de trabajadores y la privatización de prestaciones sociales. Ésta tendencia es a la vez paradójica, porque las políticas están centradas en disminuir los salarios (o más bien, dejar que el mercado los fije, en otras palabras “flexibilidad laboral”) y con ello lo que sucede en la práctica es la disminución de la demanda agregada, de modo que el neoliberalismo no podrá dar soluciones, sino que sumar obstáculos y contradicciones. La privatización excesiva y la disminución de los salarios son dos caras de la misma violencia monetaria.

Según Atilio Boron el fracaso económico acentuó las contradicciones, precipitando y agudizando la crisis. La implantación de políticas de “ajuste y estabilización” hicieron emerger a nuevos actores sociales, potenció la gravitación de fuerzas sociales y políticas ya existentes -que hasta ese momento carecían de un proyecto articulador- y por último atrajo (hacia abajo) a los sectores medios de la población. No obstante y en segundo término el fracaso adjunto de los capitalismos democráticos, la fractura y vaciamiento de las democracias explicarían también el ascenso de actores de izquierda. La crisis de las formas tradicionales de representación, producto del ascenso de múltiples identidades, y por último la globalización de las luchas contra el neoliberalismo[13], vendrían a cartografiar el mapa de “lo social” que se caracteriza por la des-constitución del ciudadano. Este argumento nos explica la emergencia de “lo social” y los AMS, desde condiciones del capitalismo mismo y el Estado, ambas crisis a punto de explotar.

De este modo la ofensiva neoliberal (la mercantilización de las relaciones sociales) no hizo más que con el tiempo, radicalizar los distintos movimientos sociales, haciendo estallar la crisis de exclusión y desigualdad, o sea, firmar el desahucio del neoliberalismo. La nueva cuestión social, al igual que la de fines del siglo XIX y principios del XX, hace imperativa la intromisión del Estado en las relaciones sociales, políticas y económicas, en consecuencia tenemos que se comienzan a elaborar nuevas relaciones con el Estado y las nuevas propuestas de desarrollo que emanan de las demandas sociales. Así las nuevas preocupaciones y tensiones se centran en tomar o no el poder del Estado; hacer uso o no de las reformas y estar al filo de las social-democracias, entre otras. Estamos aquí parados en ese interregno.


NOTAS

[1] ZIBECHI, Raúl Dispersar el poder, los movimientos como poderes antiestatales, Quimantu, Santiago, 2007, p.32
[2] SARMIENTO, Julio, “Aproximaciones a la reestructuración del Estado y a los debates contemporáneos sobre política social, superación de la pobreza y lucha contra la exclusión”. En Revista Última Década, Nº5, CIDPA Viña del mar, 1998. http://www.cidpa.cl/txt/9artic04.pdf
[3] LACLAU, Ernesto y Mouffe, Chantal Hegemonía y estrategia socialista, hacia una radicalización de la democracia, Fondo de cultura económica, Argentina, 2006, pp. 201-202
[4] NEGRI, Antonio y COCCO, Guiseppe (N-C), Global. Biopoder y luchas en una América Latina globalizada, Ed. Paidos, Buenos Aires, 2006
[5] BETHELL, Leslie, (coord.) “Historia económica de América Latina. Desde la independencia a nuestros días”, Capítulo 9: Las economías latinoamericanas, 1950-1990, Crítica, Barcelona, 2002, p.365-376
[6] Ibíd, p.399
[7] SARMIENTO, loc.cit.
[8] Ver más en: NEGRI y COCCO, loc.cit.
[9] SARMIENTO, loc.cit
[10] Ibidem.
[11] NEGRI y COCCO, op.cit, p.35
[12] SARMIENTO, loc.cit
[13] BORON, Atilio “Neoliberalismo vs. movimientos sociales en América Latina”, Rebelión, 2004.
http://pr.indymedia.org/news/2004/08/4536.php

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