El siguiente fragmento, fue el prologo de la presentación del texto "la condición postcivil..." en el Primer Seminario de Nuevos Historiadores, en la universidad ARCIS. Gracias a quienes asistieron y luego, gracias a los curaos de siempre, que terminamos pal hoyo de terremoteaos!!...jajaja y el cantor volao??...jajaja...hay cosas que no me acuerdo ya..desperte con flor de caña. Así y todo, anoche fue una buena noche.
Buenas noches...me gustaría comenzar aclarando algunos aspectos. El trabajo que presento a continuación, tiene su razón de ser, en al menos un punto trascendental. Se nos ha dicho que la historia social hoy está en crisis, que ciertos marcos epistemológicos de su comprensión, nos han llevado a la rigidez y a la dispersión de nuestro objeto de estudio, por medio de abstracciones academicistas. Concuerdo con ésta cuestión en el último punto.
Puedo pecar de ser un historiador ultra-teórico, pero no se puede hacer la vista gorda a discusiones que por su peso pueden hacer tambalear la labor historiográfica. Hay que construir teoría, en su modo más honesto, en la probabilidad errática o asertiva que pueda devenir. Esta construcción teórica es también un trabajo multidisciplinario, y la historiografía en su sensatez científica la ha abandonado.
No somos menos “sensatos” al desarrollar una empresa de probabilidades, como lo es la teoría. Es más, su potencial intrínseco abre una vía necesaria de explotación. La sensatez historiográfica también debe abandonar el orden de la concreción de realidades naturalizadas y asumir el vagabundo curso de la teoría en la historia.
Ese ejercicio pleno, paradojalmente abandona el fin academicista y lo transforma en medio. Es este desplazamiento el que a su vez, nos facilita una honestidad aún más trascendental que la científica; la de asumir que todo ejercicio científico es político y que por lo mismo, no existe una forma absoluta de re-creación, sino que posibles realidades contra natura en pugna.
Por teoría no entiendo leyes y reglas, sino más bien, su lado más noble, o sea, la probabilidad. Sólo de ese modo conjugamos una relación que se sirve de los datos y su movimiento hasta el extremo más alejado, la inexistencia de los datos, la idea. Ya que sólo haciendo discutible lo investigado, ampliamos el espacio deliberativo, ejecutamos una fisura, en la clausura de todo relato histórico: El Libro. Estamos problematizando entonces, no sólo el fenómeno a observar, sino que problematizamos sobre nosotros mismos, en cuanto, entes cognoscentes; suspendemos al sujeto científico en un proceso de des-construcción.
Quería señalar lo anterior para ingresar al texto que presentaré. Como un trabajo de descontrucción científica sobre mi posición, en tanto historiador, con el fin de convertir lo investigado en discusión...
Buenas noches...me gustaría comenzar aclarando algunos aspectos. El trabajo que presento a continuación, tiene su razón de ser, en al menos un punto trascendental. Se nos ha dicho que la historia social hoy está en crisis, que ciertos marcos epistemológicos de su comprensión, nos han llevado a la rigidez y a la dispersión de nuestro objeto de estudio, por medio de abstracciones academicistas. Concuerdo con ésta cuestión en el último punto.
Puedo pecar de ser un historiador ultra-teórico, pero no se puede hacer la vista gorda a discusiones que por su peso pueden hacer tambalear la labor historiográfica. Hay que construir teoría, en su modo más honesto, en la probabilidad errática o asertiva que pueda devenir. Esta construcción teórica es también un trabajo multidisciplinario, y la historiografía en su sensatez científica la ha abandonado.
No somos menos “sensatos” al desarrollar una empresa de probabilidades, como lo es la teoría. Es más, su potencial intrínseco abre una vía necesaria de explotación. La sensatez historiográfica también debe abandonar el orden de la concreción de realidades naturalizadas y asumir el vagabundo curso de la teoría en la historia.
Ese ejercicio pleno, paradojalmente abandona el fin academicista y lo transforma en medio. Es este desplazamiento el que a su vez, nos facilita una honestidad aún más trascendental que la científica; la de asumir que todo ejercicio científico es político y que por lo mismo, no existe una forma absoluta de re-creación, sino que posibles realidades contra natura en pugna.
Por teoría no entiendo leyes y reglas, sino más bien, su lado más noble, o sea, la probabilidad. Sólo de ese modo conjugamos una relación que se sirve de los datos y su movimiento hasta el extremo más alejado, la inexistencia de los datos, la idea. Ya que sólo haciendo discutible lo investigado, ampliamos el espacio deliberativo, ejecutamos una fisura, en la clausura de todo relato histórico: El Libro. Estamos problematizando entonces, no sólo el fenómeno a observar, sino que problematizamos sobre nosotros mismos, en cuanto, entes cognoscentes; suspendemos al sujeto científico en un proceso de des-construcción.
Quería señalar lo anterior para ingresar al texto que presentaré. Como un trabajo de descontrucción científica sobre mi posición, en tanto historiador, con el fin de convertir lo investigado en discusión...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario