FRAGMENTO Nº1
Luhmann -en su texto Teoría política en el estado de bienestar- se basa en apreciaciones funcionales, para diferenciar los procesos sociales, políticos, estatales, dentro de una red que absorbe elementos, como una bestia que devora su presa.
Colocado en un punto estratégico, su discurso puede caer en el peor fantasma de la historia, el Fascismo. Ahora, ¿Qué entendemos por fascismo?, a la hegemonía no-política que atraviesa la bios de cada individuo, sometiéndolo a la adoración de un dictador, como llama Willy Thayer: “El fascismo como inversión de la voluntad vanguardista de llevar la platea al escenario, monta en la platea un espectáculo total...”[1].
Luhmann -en su texto Teoría política en el estado de bienestar- se basa en apreciaciones funcionales, para diferenciar los procesos sociales, políticos, estatales, dentro de una red que absorbe elementos, como una bestia que devora su presa.
Colocado en un punto estratégico, su discurso puede caer en el peor fantasma de la historia, el Fascismo. Ahora, ¿Qué entendemos por fascismo?, a la hegemonía no-política que atraviesa la bios de cada individuo, sometiéndolo a la adoración de un dictador, como llama Willy Thayer: “El fascismo como inversión de la voluntad vanguardista de llevar la platea al escenario, monta en la platea un espectáculo total...”[1].
Montar el espectáculo, desde un lugar que se hace común para todos, nuestro espacio. El fascismo necesita del microespacio, donde se sitúan las actuales masas dispersas. “Pero el fascismo es inseparable de núcleos moleculares, que pululan y saltan de un punto a otro, en interacción antes de resonar todos juntos en el Estado nacionalsocialista...”[2] de modo que cada cual, puede regalonear su propio fascismo, sobre todo si nos incrustan ese espectáculo. Como segundo alcance “cada fascismo se define por un microagujero negro, que vale por si mismo y comunica con los otros antes de resonar en un gran agujero negro central generalizado. Hay fascismo cuando una máquina de guerra se instala en cada agujero...
Luhmann con su texto en las manos, puede pararse delante de un árbol con una manzana en su cabeza, esperando que la flecha de un arquero ciego apunte con precisión. Colocado al filo, puede repercutir en este espectro. ¿Cual es el principal riesgo?, el mismo indicado por Deleuze, desde las bases, el fascismo remedia la deslegitimación de los actuales estado “soberanos”, respondiendo la pregunta ¿pero qué se controla, si el Estado es un monumento del dictador sobre sus pies de barro?, desde abajo sostiene esos pies. Es ahí cuando el fascismo los moldea con cemento.
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FRAGMENTO Nº2
Ahondemos la apreciación política y la hegemonía. El funcionalismo Luhmanniano, concibe lo político como “consenso”, en la medida que esta constantemente incorporando elementos, y que si bien golpean el funcionamiento del sistema, es interior a él, donde se diferencian las funciones y se mantiene intacta la estructura. Como las maquinas autopoieticas de Maturana. Solo mediante la ampliación de las prestaciones comunicativas se da paso al desarrollo social[1], por lo tanto mientras uno y otro cede...se relacionan para dejar intacta la hegemonía del sistema. Mediante la inclusión política, podemos perpetuar esta relación incorporando a las mayorías, para desarrollar un proyecto democrático. Ya con Gramsci mencionamos la deficiencia de esta propuesta, básicamente porque Luhmann concibe una especie de sistema homeostático, sin rupturas o contradicciones, se aleja de los conflictos sociales, para dejarlos supeditados a la hegemonía envolvente de un sistema que absorbe y devora sus márgenes, sus elementos en resistencia. Como decíamos anteriormente, si el marxismo nos entrega una sociedad dividida, Luhmann estudia una sociedad unificada, o en constante unificación.
Pensándolo desde los márgenes teóricos de Gabriel Salazar, nos topamos con que, la sociedad civil, esta constantemente en relación con el Estado, pero no como los partidos políticos, o sea, respondiendo a la homogenización del aparato estatal, sino en constante diferenciación, en una relación de resistencia. Desde los proyectos de gobernanza erigidos a mediado del siglo XIX en Chile, como las sociedad de resistencia, periódicos populares, clubes sociales, logias de temperancias, que confluían en asambleas populares constituyentes[2]. De modo que se pasa a complejizar la relación de los distintos agentes sociales, entendiendo a la sociedad civil como un centro de articulación diferenciada, contradictoria en algunos casos, con propuestas paralelas en constante resistencia. De modo que el sistema funcionalista, es un campo de dominós, que funcionan de acuerdo al anterior, en un movimiento continuo, sin meras dificultades; no cuenta con la “resistencia”, la contradicción y la lucha contra la hegemonía: de clase, del capital, del Estado.
Cuando se levanta una teoría de hegemonía en la política, tal como lo hace Luhmann, nos encontramos entonces con una falsa concepción de ésta. En esta línea nos podemos mover junto a Rancière: “Si la política es el trazado de un diferencia evanescente en la distribución de las partes sociales, entonces su existencia no es de ninguna manera necesaria. Por el contrario, la política sucede siempre como un accidente recurrente en la historia de las formas de dominación (...)La esencia de la política es la manifestación del disenso, en tanto presencia de dos mundos en uno.”[3], de modo que la política actúa en la diferencia y así accidenta la inocente idea de hegemonía. La acción política es mucho más compleja que la idea de “democracia y consenso”, y al darse en el accidente, bien puede ser que provoque tal ruptura o que su composición como acción solo se da en este punto, lo que la historia denomina como coyuntura. De modo contrario, lo que pretende desarrollar Luhmann es -lo que mencionamos desde el comienzo- penetrar hegemónicamente en la vida (bios) de cada individuo una idea a-política (como lo es la idea reduccionista de hegemonía-democracia y consenso), desarrollando desde los intersticios o las bases sociales la idea fascista.
Algunas consideraciones necesarias:
a) Luhmann abre la fragilidad de los espacios locales, que pudiendo ser provechoso para la construcción de proyectos políticos alternativos y mas viables, puede estar al filo de la legitimación de un Estado Soberano desde las bases, o sea al filo de la cancelación política de la sociedad, ya que el limite de la sociedad civil es el Estado y viceversa[4], justamente por el desarrollo de la alianza, del consenso.
b) Luhmann entiende la política como hegemonía, de manera implícita desarrolla la idea una relación de dominación, pero no de clases, como lo hace el marxismo, sino de sistema/entorno (legalidad/ilegalidad) donde predomina la inclusión de un “sistema” autoreferente como la política ( y no un “subsistema” como lo hace con el Estado, porque para Luhmann el Estado es efecto de la política).
c) Elimina cualquier noción democrática histórico-política de construcción de alternativas o proyectos paralelos al “sistema”, mediante la inclusión, nada queda al margen todo se hace dependiente y funcional, o sea, comprende las teorías del poder de Foucault[5], pero no desde abajo –como una forma de política que abre nuevos campos de lucha- sino que desde arriba –como la mejor manera de dominar a la sociedad desde los rincones como las arañas- al eliminar la resistencia deja la sociedad expuesta a una actividad contemplativa.
d) Y finalmente, la mas importante. Obvia las relaciones contradictorias de las formaciones sociales en el proceso histórico.
NOTAS:
FRAGMENTO Nº1
[1] Thayer, Willy, Crítica, nihilismo e interrupción, p.4. Fuente: http://www.philosophia.cl/Articulos/Crítica.pdf
[2] Deleuze- Guattari, Mil Mesetas: Capitalismo y Esquizofrenia. Cáp: Micropolítica y segmentaridades , Pre-textos, España, 1997, p.219.
[3] Ibid, p.219
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NOTAS FRAGMENTO Nº2
[1] Luhmann, op.cit., p.42.
[2] Ver más en: Salazar, Gabriel – Pinto, Julio, Historia contemporánea de Chile, Tomo I, LOM, Santiago, 1999; Illanes, Maria Angélica: En torno a la noción de proyecto popular en Chile; y Grez, Sergio: El proyecto popular en el siglo XIX En: Loyola, Manuel – Grez, Sergio (Compiladores), Los Proyectos nacionales en el pensamiento político y social chileno del siglo XIX, UCSH, Santiago, 2002.
[3] Rancière, Jacques, 11 Tesis sobre política, Tesis 7-9. Fuente: http://aleph-arts.org/pens/11tesis.html
[4] Ibid, Tesis 11.
[5] Ver en: Foucault, Michel, Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones, Alianza, Madrid, 1995.
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NOTAS FRAGMENTO Nº2
[1] Luhmann, op.cit., p.42.
[2] Ver más en: Salazar, Gabriel – Pinto, Julio, Historia contemporánea de Chile, Tomo I, LOM, Santiago, 1999; Illanes, Maria Angélica: En torno a la noción de proyecto popular en Chile; y Grez, Sergio: El proyecto popular en el siglo XIX En: Loyola, Manuel – Grez, Sergio (Compiladores), Los Proyectos nacionales en el pensamiento político y social chileno del siglo XIX, UCSH, Santiago, 2002.
[3] Rancière, Jacques, 11 Tesis sobre política, Tesis 7-9. Fuente: http://aleph-arts.org/pens/11tesis.html
[4] Ibid, Tesis 11.
[5] Ver en: Foucault, Michel, Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones, Alianza, Madrid, 1995.
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