sábado, 15 de septiembre de 2007

Expoliación y Aborto labriego, según Gabriel Salazar.

Entre productores locales y mercaderes, esta batalla es asimétrica. Es fundamental entender esta relación porque esta implicada directamente con la erosión de la baja sociedad civil chilena. La desaparición de la clase media rural (Labradores) es uno de los cuatro indicadores del debilitamiento civil, junto a la despoblación de las regiones y la sobrepoblación en Santiago, la desaparición de la clase media urbana, la aparición creciente de masas sociales concentradas en zonas urbanas (y pronta política de masas), junto finalmente a la aparición de procesos de individuación, perdiendo el carácter de asociatividad. De la mano del militarismo y la existencia de la nombrada oligarquía mercantil, darán forma al Estado de corte autoritario-liberal, unificando a los grandes mercaderes (la alta sociedad civil) y pauperizando los demás sectores por medio de su fuerza política-militar-comercial-financiera.

La baja sociedad civil erosionada corresponde a labradores: huerteros, chacareros, etc. La clase media rural que era propietaria de un retazo de tierra, junto a algunos medios productivos. Con estos implementos, estaban en condiciones –por lo menos en la primera mitad del siglo XIX- de acumular capital dando pie a su capacidad empresarial, como explica el profesor Salazar “...el campesino de la primera mitad del siglo XIX dejó clara evidencia de que su proyecto económico no consistía sólo en subsistir, ya que muy a menudo incluyo un serio esfuerzo por acumular, en la escala posible, un capital campesino.”[1]. Esta capacidad le permitió a labradores desenvolver una pluralidad de actividades económicas, verdaderas empresas campesinas, diferenciadas del sistema oligárquico de producción; a tal punto, como la producción artesanal-manufacturera y su participación en el rubro de los espectáculos y diversiones públicas[2].

Históricamente desde periodos de la Edad Media, las comunidades locales –post-imperio romano de occidente- se organizaron por si mismas desarrollando un poder productivo, poder en tanto, se desarrollaban mancomunadamente. Este se vio expresada en un derecho consuetudinario de soberanía que por su carácter es palpable mediante la memoria colectiva. Mediante este ejercicio de soberanía aparece el ayuntamiento o cabildo, configurando la pluralidad popular en el ámbito productivo (su característica sustancial) y político[3]. Es necesario advertir estos elementos, puesto que explican esa tenaz energía vaciada en la “labor” y el trabajo, que ejercen los labradores, herederos de una larga tradición que sienta sus bases desde este periodo. Solo comprendiendo este derecho, podemos entender el actuar del labrador “...la mayoría asoció términos huerta y hortaliza. Incluso las peticionarias mujeres se expresaron en esos términos.”[4], desarrollando una producción del tipo empresarial.

El fin de este primer periodo de soberanía es sucumbido ante la aparición de bolsones oligarcas de carácter mercantil, que en un largo proceso de dominación (más que soberanía) por medio del Estado, desarrollaran un gran capital comercial con una propuesta de mercado mundial, inspirado en el puro derecho de libertad de intercambio. Este opuesto entre soberanía y dominación, llevaran a que los segundos puedan expoliar los productores, comprando sus bienes lo mas barato posible para venderlo lo mas caro posible, cobrándole impuestos, presionando administrativa y políticamente, para finalmente encauzar la pauperización campesina y controlar los medios de producción para producir a gran escala. Este fenómeno no será diferente en Chile.

La capacidad productiva se elaboraba como un trabajo comunitario (de índole familiar), para sistemáticamente ir acumulando capital –por ello se habla del carácter empresarial de la sociedad matrimonial campesina[5]-, que en las familias campesinas mas exitosas lograron ser equivalentes a la clase media rural. Esta empresa es el núcleo para las exportaciones de trigo antes de 1835 –ya que desde este periodo se comienza a introducir una maquinaria incipiente orientándose al comercio de gran escala, proceso que también se verá respaldado desde 1850- donde los hacendados jugaron un rol (como hemos mencionado) de mercaderes; de este modo los grandes mercaderes se fijaron en el comercio exterior, creando inconscientemente un relativo mercado urbano para la clase campesina. Es interesante mirar la pluralidad de esta clase media rural, puesto que en el caso de la producción de hortalizas y frutas, los labradores fueron los principales productores y vendedores[6]. La misma posesión de animales como medio productivo se traduce en “mataderos particulares” que abastecían al mercado urbano; que ejemplo de expoliación mas potente que la erradicación de estos mataderos “Los municipios se esforzaron, después de 1830, por erradicarlos, y organizar una red de carnicerías controladas y mataderos municipales.”[7]. Otra vertiente de este carácter empresarial, tiene que ver también con la aventura del transporte carretero y muletero de productos agrícolas y mercaderías: los introductores; junto a la administración de establecimientos de diversión pública como las chinganas donde el rol de la mujer es protagónico[8].

Esta dinámica economía campesina, desde un comienzo fue resguardada por políticas municipales, sin embargo posteriormente la gestión se inclina por marginar de la urbe a los campesinos (y estos en primera instancia resistieron, penetrando sus productos por las “cañadas”, donde los campesinos acampaban ahí con el fin de concretar sus negocios). Esto se introduce en el contexto, en donde la clase campesina –o labradora- tuvo que lidiar con la clase oligárquica mercantil, no solo mediante la expoliación comercial que hacían sobre ella, sino que también por medio de la usura, sobre todo posterior a 1830 en donde el patriciado mercantil lentamente desplazado del comercio exterior tuvo que re-orientarse al mercado interno. Este proceso de ensanchamiento domestico de acumulación, significó la constante presión y pauperización sobre los sectores campesinos productores, absorbiendo exacciones mercantiles, usureras y tributarias (recaudando impuestos), adjunto a decretos urbanizantes. Siendo esta la contraofensiva al labrador, desde distintos flancos: opresión social, cultural, moral, militar[9].

Por ello la batalla entre ambos es asimétrica, mientras una ejerce soberanía y acumulación campesina a escala de lo posible, la otra ejerce dominación y acumulación a gran escala. “Los mercaderes monopolizaron todas las articulaciones estratégicas del proceso de acumulación campesina: las bodegas portuarias, el crédito, y los molinos mecánicos. Sobre esa base, construyeron también el monopolio sobre la exportación de productos agrícolas y los mercados de más altos precios. Desde allí pudieron, sin dificultad, reducir el precio de las cosechas campesinas al nivel adecuado para mantener la tasa de ganancia mercantil invariable aunque variase la coyuntura. Pudieron pues, mantener continuado su proceso de acumulación mientras interrumpían y fracturaban el de los campesinos.”[10].

Significó entonces consolidar una plétora de capital, que el patriciado supo succionar como una garrapata, de modo que ya desde 1840-1850, el dinamismo campesino fue frenado y comenzando su mutación hacía la proletarización, o sea la descapitalización gradual, la desmantelación del patrimonio campesino, siendo dispersados y diezmados, siendo abandonados (expósitos) y por lo tanto abortando el proyecto productivo (aborto labriego) que por derecho consuetudinario le corresponde: laborar, trabajar, mancomunarse, asociarse, ejercer soberanía para finalmente ejercer “poder”. No obstante esta destrucción del proyecto económico popular, comienza a experimentar un momentáneo periodo de subsidencia, que tendrá su expresión en los reventones de 1851-1854, entre otros, producto del profundo malestar que se cobijo en la memoria campesina y que devino en la producción de un “capital social” (reagrupación, amistad, afecto, concordia)[11], o sea, de la mano de una sociabilidad basada en la oralidad, sin perder la festividad, en ramadas, la trilla, rodeos, carreras de caballos, riñas de gallos, chinganas (ahora de carácter rural) con cantoras de guitarra y arpas, bailando bajo el parrón del patio trasero[12]; estos son los espacios de enorme potencia asociativa que mantendrán viva la memoria.

Por ello es importante considerar los cambios que se efectúan desde 1830 –desde arriba- por parte de la acumulación de capital mercantil, para monopolizar los mercados y las ganancias (estancos) por medio del Estado, o sea utilizando la red de contactos o enjambres oligárquicos que tenían posiciones dentro del aparato estatal. Expoliando a los labradores e inclusive al mismo Estado (como el caso Portales), sujetando una política desde las posiciones de clase, reprimiendo mediante la violencia institucional ejercida por una dictadura de corte autoritaria-liberal, hecha a imagen y semejanza de los intereses de la clase oligárquica mercantil-financiera, que consolida su ejercicio y plétora de capital desde esta época. Abandonando por ultimo a la clase media rural de “labradores” hasta su lecho de muerte.





NOTAS

[1]SALAZAR, Gabriel (S), Labradores, peones y proletarios, LOM, Santiago, 2000, p.76.
[2] Ibidem.
[3] Salazar, Gabriel, Construcción de Estado en Chile, Capitulo II: “El derecho de los “pueblos” y el derecho de dominación”, editorial Sudamericana, Santiago, 2005, p.41.
[4] S, Labradores…, op.cit, p.78.
[5] Ibid, p.81.
[6] Ibid, p.85.
[7] Ibid, p.88.
[8] Ibid, pp.91-93.
[9] Ibid, p.119.
[10] Ibid, p.100.
[11] S, De la participación ciudadana: capital social constante y capital social variable. En: Proposiciones, Nº28, Ediciones Sur, Santiago, 1998, pp.156-183.
[12] Valenzuela Jaime, Diversiones rurales y sociabilidad popular en Chile central:1850-1880. En: Formas de sociabilidad en Chile 1843-1940, Fundación Mario Góngora, Vivaria, Santiago, 1992, pp.369-391.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)