Al discutir “lo otro”, topamos con una serie de elementos. No sólo las ciencias sociales caen en la cosificación objetual del conocimiento, sino que el desarrollo mismo de cualquier entidad que pase a llamarse sujeto y junto a ello, asuma la edificación de un subjectum y una interioridad. La discursividad moderna está sustentada en este axioma. La idea del hombre, sujeto, yo, naturaleza humana, todos andamios de una maquina mucho más grande: la constitución del episteme y la superioridad de un afuera, que controla una territorialidad de datos determinados. No obstante, seguimos hablando lo mismo ¿No es “el otro” la antitesis en una dialéctica?, por ello lo relevante en este tipo de discusiones es no caer en reduccionismos, sino que en maximalismos.
Cuando pensemos en las dialécticas, es necesario fijar relaciones secundarias y relaciones primarias. Las relaciones secundarias son siempre las más evidentes, las que cambian, las consecuencias, como se le quiera denominar. Las relaciones primarias son siempre las menos evidentes, las que se mantienen, las que se ocultan, las que fluyen. De modo que pueden resonar entre la oscilación y la permanencia, cada una, no es categórica ni estática, cada una son ecos de territorios distintos. Por lo mismo, y amén de no confundir lo que trataré de explicar, es necesario entender que ambas funcionan en constante elaboración conjunta. Estas conexiones por su parte, hay que entenderlas desde fuera de lo que guardan, amarran. Por un lado la oscilación, es una conexión pluralizada sin codificaciones represivas o microfascismos, es un portal que se alimenta de fragmentos, permitiendo la flexibilización de la entrada o la salida, de modo que las codificaciones no son la prioridad, ni el imperativo de su lógica de conexión. Estas oscilaciones, son tales, en la medida que se conjugan con la permanencia, no gobierna una lógica de control, sino de constante fragilidad. La permanencia de las relaciones primarias, se constituyen de múltiples aparatos que reproducen la lógica de conexión o los microfascismos, y otros mismos que permiten la producción de codificaciones sociales; procesos de coacción, cooptación y la denominación (y está última como un ejercicio de convencionalismo violento).
Volvamos atrás, la dialéctica antes de poder des-constituirse y devenir en relaciones primarias, secundarias, necesita otro elemento más: el lenguaje, ya que este es el campo, la territorialidad de las distintas dimensiones de la dialéctica. Por ello la estructura de la modernidad no es otra cosa que la dialéctica sostenida bajo el lenguaje de “lo humano”. La creación de un ser humano, una naturaleza humana, dar pie al antropo-delirio y la muerte de Dios se sostiene por medio de un lenguaje que cosifica “lo otro” del ser humano, por ello no es raro que lingüistas como Humberto Maturana, sostengan que lo que no existe en el lenguaje, no existe en la “realidad humana”. Lo relevante del Chacal, no es el acto mismo –la acción irracional- sino la denominación de Jorge o José en Bestia. El Chacal entonces pasa a edificar un tipo de relación que se conjuga con la permanencia de valores trascendentales de la sociedad chilena del siglo XX en Chile, entre ellos dos elementos claves: lo humano, pero principalmente “lo rural”. Lo “rural” en el Chacal, establece las relaciones primarias en la dialéctica de sociedad civil y bestialidad, la violencia en el lenguaje del Estado y el fusilamiento del cristiano (porque recordemos que el Chacal reconoce a Cristo antes de ser ejecutado) ponen en jaque al concepto de “Bestia”, la corrección de la bestia abre otra cuestión, el flujo de una lucha trascendental el Estado y la construcción de una sentencia ajustada a su historia de vida, su educación, su familia; asociada a la oscuridad, a la ignorancia, a la ruralidad.
El verdadero Estado de Sitio durante el periodo de nacional-populismo en Chile, se encontró arraigado a los espacios rurales. El éxodo masivo no es una causa, sino una consecuencia de un proceso de concentración y acumulación de capital ajustada a los espacios urbanos, donde el Estado pese a su “modernización” no era más que la extrapolación de un patrón de fundo. El gran monstruo-otro, es sólo un placebo discursivo de la modernidad...una negación que trata de ocultar no sólo a ese otro, sino que trata de fluir “lo mismo”, “lo suyo” por medio de la violencia. Eso viene siendo la ruralidad, la premodernidad, y la precariedad del Estado frente a los procesos de desarrollo y modernización durante la década de los 60. El Chacal sólo es rebelde en cuanto, se constituye desde la vida –no de su conciencia- como antípoda a las relaciones sociales de la sociedad y el Estado chileno; proceso coherente con el ejercicio de Biopolitica que entablan los sectores corporativistas tecnócratas y neo-esclavistas del siglo XX.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario