sábado, 12 de mayo de 2007

El Holocausto de Hostel

Para comenzar la charla en este blog e decidido traer a colación un ensayo que elaboré trás ver la pelicula "Hostel", espero que les interese echarle un vistazo...
Siempre encontramos huellas no del pasado absoluto, sino del relativo el que esta constantemente siendo. En este transito de unas líneas profundas y otras más cortas podemos elaborar múltiples figuras o cuerpos interpretativos (algunos rígidos si son referidos a lo absoluto). Ahora ahondamos la “tierra de nadie”, aquí las salidas aparecen por todas partes, las figuras se crean desde todas partes, porque no hay un camino fijo, los pastizales vírgenes no han sido pisados y las líneas profundas parecen referirse a un comienzo que no quiere ser abordado. Hablo de la desterritorialización de la modernidad. La “tierra de nadie” llamémosle no-territorio de la alta modernidad, puesto que bajo este concepto se guardan diversas operaciones, ideológicas, políticas, interpretativas, etc; lo importante aquí es destacar a este no-territorio, como concepto antinómico al devenir moderno, con ello me refiero a lo adverso de todo elemento que sea considerado parte del desarrollo de la humanidad. Y no sólo lo adverso sino también lo hiperbólico. Como el concepto de clase, arte, la violencia y el nazismo trabajado en esta pieza fílmica.

Todo se inicia desde el momento en que no hay un libreto, por tanto no hay una narración típica de los hechos (como la historiografía o alguna literatura) al mismo tiempo no hay que interpretar, de este modo "todo" se transforma en pura cancelación del sentido, y el shuffle de imágenes, la apertura del sadismo narrativo, propicio de un aprendizaje por perturbación (o sea alterando la estructura racional del hombre).

La línea transversal es lejos la idea de no-territorio, abordamos una etapa de la historia donde todo es puesto en jaque, donde nada esta firmemente arraigado, donde se elabora el pensamiento de lo monstruoso y el “hombre” a quedado suspendido o en el mejor de los casos cancelado. El no-territorio es el pueblo, es la industria, es el mismo museo de la tortura, es la hipérbole del territorio moderno, puesto que en esos espacios, se profundiza un control excesivo, el movimiento de piezas estratégicos, la codificación desde segmentos (como él de mujeres, alcohol, drogas; economías de escala.) hacia el show del terror. En el siglo XIX en Chile y el XVI en Europa (sobre todo con la lógica mercantilista) se dan periodos de ostentosidad y lujo, basado en las mercancías y el arte, producto del desborde del capital, junto a eso, al esquizo deseo de convertirse en algo singular (emulación de lo aristocrático, en algunos casos). De todo eso se desprende que el show del terror es producto del desborde del capital; el “Elite Hunting”, es la ostentación misma y la producción macabra del sujeto y su arte, expresión de una parte de una burguesía transnacional. Ese show del terror es la representación fílmica de la a-moralidad del capitalismo tardío, la supresión del arte como expresión artística y el dar a luz al arte como negocio o fetiche.

El arte es trabajo en “Hostel”, como presentación de lo vivo y lo moribundo al mismo tiempo. Lo vivo, en la medida que el arte significa acción con un cuerpo y expresión de lo instantáneo, ya que el tipo de tortura proviene de un resabio cultural junto al personal, pero instantáneo en tanto, dependerá de la proveniencia de la tela al cual pintar o el material al cual esculpir, me refiero a la procedencia del cuerpo que voy a torturar. Un arte del cual depende de las circunstancias y los elementos, un “espectáculo” del nada contemplativo, sino meramente activo, un espectáculo de lo siendo, por lo mismo una huella de este pasado relativo. Lo moribundo, no es sólo el cuerpo sobre el cual se trabaja, sino también como funciona ese arte o show (como estimen nombrarle), un fin en sí mismo, solo esta siendo en la medida de la vida del cuerpo, que depende en una parte del tiempo del torturador; por tanto lo moribundo no son sólo los instrumentos sino también el arte, entendido como business y no expresión o liturgia.

En este término la maquina de tortura necesita de los materiales. Cada uno estratificado (americanos, europeos, etc) por un concepto de clases de otro tipo: “clases territoriales” (que bien puede funcionar como clases sociales, si la maquina de tortura sólo operara de manera local, es una cuestión cuantitativa). La tortura de clases, es la explotación, es una forma también de mercantilización de las clases territoriales (clases sociales), pero no en la figura común del marxismo, como la venta única de fuerza-trabajo, sino como la de un pensamiento monstruoso, donde se cancela la humanidad comprendida desde lo moderno; es la venta del cuerpo, la misma operativa de la prostitución, pero pensado así no desde la prostituta misma, sino del proxeneta, es este el que busca un cuerpo, es la prostituta quien lo consigue, es el cuerpo (sujeto) el que no tiene ninguna incidencia en el proceso de circulación del capital; esta es la tortura o la explotación presentada por Tarantino. Por lo mismo es la industria (o algo similar) en donde se monta el espectáculo, la figura de cada habitación es la representación de cada departamento productivo en la elaboración industrial, cada “cuerpo” es un rotor (esencial) en cuanto show, pero dispensable en tanto circulación del capital. Los derechos humanos son cancelados, la humanidad de los derechos desaparecen, la niebla se hace espesa y esta industria es el escenario no de la modernidad (y la explotación del obrero) sino de la postmodernidad (y la explotación del cuerpo, sin categorías por su valor pero conservando el interés por su clase territorial). Todo es icónico (cómo la asociación de niños, que representa la violencia desde lo infantil, el mundo sin humanidad, que desborda constantemente al mundo-ficticio que rodea a la industria de tortura, o como hemos llamado aquí a las economías de escala).

Es esencial entonces para la elaboración de todo esto: a)un espacio de tortura, b)torturadores con capital y c)cuerpos de una clase territorial (el resto corresponde a las economías de escala y las codificaciones que funcionan, desde el soplón en Ámsterdam, las mujeres, el carrete, el Hostel, etc.). Así y todo, lo que impera es (la asociación de elite) la aparente no-mediación, que se repite en la frase “-cuando pregunta si desea usar servicio- no, es bueno comer con las manos, el hombre a perdido contacto con lo que come”. No-mediación evidente cuando, no se muestra institución, jefe, o lugar de negocios, solamente la asociación de elite, como si la industria sea un hall o un centro de eventos; no-mediación confusa cuando el torturador utiliza instrumentos para castigar, y también difusa cuando funciona toda la maquina preparativa de las economías de escala (puras mediaciones y contactos) si lo pensamos desde el fin. Si encuentro que impera la no-mediación, tiene que ver con una revaloración de lo que la elite a pretendido desarrollar, desde el “contrato” con el Estado, a los inicios de la modernidad, la sociedad civil asociada concuerda un pacto, sin mediación, cosa que será rápidamente confundida por la aparición de un instrumento entre lo civil y el Estado, me refiero a la clase política, o el instrumento de tortura del Estado para con la sociedad civil. En conclusión, la tortura no comienza con el torturador o el sádico, sino que con la asociación entre torturadores.

Es así como la tortura es contextualizada, me refiero con eso, a ser vista para fuera, no cómo la conexión torturador-torturado, sino torturadores-torturados, la formación de un asesinato masivo, por ello recupera la simplicidad del nazismo y su verdadero germen. Como afirma Stanley Paine, el genocidio es “prototipo” del mundo de comienzos del siglo XX, Turquía, Rusia, Alemania, Camboya, África. Por lo mismo lo único vanguardista de la técnica nazi es la modernización del proceso, es justamente eso, es la mejora del genocidio de forma eficaz y quirúrgica. El verdadero terror esta en la tecnología implicada para el proceso, en los conocimientos que sirven de base, en las ideas que son fundamentos, todas hijas de la ilustración y la razón de la modernidad. La tortura no es una cuestión nazi, sólo su técnica, al igual que Hostel, donde no es la tortura, ni las técnicas, sino la asociación sádica que inicia el funcionamiento de la maquina de tortura, un pacto netamente moderno de asociación (independiente del fin). En esta lectura, nos coloca en el campo de concentración nazi como una alternativa moderna al igual que Hostel en la industria como una alternativa de alta-modernidad, en tanto supera la forma de tortura xenofobica y es la figura de explotación de clase sin valor, en su máxima expresión (pura utilidad).

Así las criticas a la modernidad van dirigidas a esas figuras como, el arte, la humanidad, la asociación, la primera es cancelada, la segunda suspendida y la tercera exacerbada y leída desde otro punto, quizás en contraposición con la teoría comunicativa de Habermas, Tarantino, nos muestra la idea de asociación (moderna, o sea con interés, iniciativa en al acto) basada desde la acción, la acción de torturar, la acción de resistir, la acción de vivir, desde el Elite Hunting hasta la asociación de los niños (que simbólicamente hablan muy poco), todos cruzados por la idea que es la acción inherente en el hombre y el lenguaje un instrumento –vuelta a criticar otro principio de la modernidad-.

Las salidas ante esta critica a la modernidad, nos sitúan en ese espacio o tierra de nadie, pero junto a ello, nos coloca de nuevo con las mismas herramientas en las manos que uso la burguesía mercantil europea del siglo XVI para inventar el mundo que hoy conocemos. En ese sentido se entiende la constante analogía de Antonio Negri y Guiseppe Cocco, cuando señalan que America latina transita en una transformación similar al traspaso del feudalismo a la modernidad.
Por último, aparece una dualidad entre la agonía y la impotencia, cómo se sentía cada torturado, y también lo fortuito de las salidas (cuando se cae el torturador al resbalarse con la sangre, cortándose una pierna con la sierra eléctrica) y la voluntad de vivir (tomar los dedos, pensando en recuperarlos o al menos conservarlos). Por lo mismo las salidas aparecen conectadas con la producción de la experiencia.
Para terminar, en una hora y media estamos suspendidos también somos torturadores y cancelamos nuestra humanidad para gozar del film (en tanto film), para ser parte contemplativa del Elite Hunting.

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