lunes, 14 de mayo de 2007

El flujo en los portales oscilantes

De los modos en que se puede obtener acceso a los agenciamientos humanos, puede resonar molecularmente entre la oscilación y la permanencia, cada una, no es categórica ni estática, cada una son ecos de territorios distintos. Por lo mismo, y amén de no confundir lo que trataré de explicar, es necesario entender que ambas funcionan en constante elaboración conjunta. Estas conexiones por su parte, hay que entenderlas desde fuera de lo que guardan, amarran.
Por un lado la oscilación, es una conexión pluralizada sin codificaciones represivas o microfascismos, es un portal que se alimenta de fragmentos, permitiendo la flexibilización de la entrada o la salida, de modo que las codificaciones no son la prioridad, ni el imperativo de su lógica de conexión. Estas oscilaciones, son tales, en la medida que se conjugan con la permanencia, no gobierna una lógica de control, sino de constante fragilidad o mortalidad. El código amor al no conservar esta oscilación (sin-muerte) se conecta al fascismo de microescala, por medio de la fuerza y un biopoder como contrato, materializan un conexión permanente, que deviene teleológica.
No obstante, ese telos puede ser corrompido, ya que solo se posiciona en el portal y no en la pululación enérgica de los fragmentes que resguarda. Solo ahí, la permanencia entra en el juicio de la fragilidad, y es puesto a los pies de ese poderoso movimiento fragmentario, sin control. De la envergadura de la experiencia, de los olores, del tacto, colores, personas, sensopercepciones, dependerá el tiempo de la “permanencia” como portal. Muchas veces la represión controla al deseo, lo enjaula, pero este se desborda entre los garrotes, las ventanas, las conexiones; por la salida o el artificio de ellas. De modo que el telos, se pone en jaque a si mismo al elaborarse. Cuando es destruida esa hegemonía molecular, se abre paso la edificación oscilante, esta no existe, de hecho ontológicamente, se encuentra en medio de algo, eso la hace tal, la hace un rizoma.
Así el devenir sexual entre unos y otros, se potencializa en esos rizomas, en esos procesos medios, donde no calza la codificación o la represión, sino que permite el flujo del coeficiente de libertad.

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